METODO CURATIVO POR EL SONIDO

Un revolucionario método del arte curativo ALFREDO DUQUE GARCIA M.D.

“Una mujer muy anciana se acercó a mí. Parecía tan vieja como mi abuela, que pasaba ya de los noventa. Sus cabellos tenían la blancura de la nieve. Unas suaves arrugas llenaban su rostro de pliegues. Su cuerpo era esbelto, fuerte y flexible, pero tenía los pies tan secos y duros que parecían pezuñas. Era la mujer que había visto antes con la cinta de complicados dibujos para el pelo, y los adornos en los tobillos. La anciana se quitó una pequeña bolsa de piel de serpiente que llevaba atada a la cintura y vertió algo que parecía vaselina descolorida en la palma de su mano. Me enteré de que era un ungüento de aceite de hojas. Señaló mis pies y yo asentí a su oferta de ayuda. La mujer se sentó frente a mí, puso mis pies en su regazo, me frotó el ungüento en las llagas hinchadas y entonó una canción. Era una melodía tranquilizadora, casi como una nana. Le pregunté a Outa cuál era su significado. «Le está pidiendo perdón a tus pies -me contestó-. Les dice que los aprecias mucho. Les dice que todo el mundo en el grupo aprecia tus pies, y les pide que se pongan buenos y fuertes. Hace sonidos especiales para curar heridas y cortes. También emite sonidos que extraen los fluidos de la hinchazón. Pide que tus pies se vuelvan fuertes y duros.» No fueron imaginaciones mías. Realmente noté que la quemazón, el escozor y el dolor de las llagas empezaban a aplacarse, y sentí un alivio progresivo. Mientras permanecía sentada con los pies en aquel regazo maternal, mi mente desafió la realidad de aquella experiencia. ¿Cómo había ocurrido? ¿Dónde había comenzado?”

Este relato no es sacado de un libro de ciencia-ficción en el que el escritor de rienda suelta a su imaginación. Es una historia real, narrada por una médica acupunturista estadounidense, Marlo Morgan, en su libro “Las Voces del Desierto” en el que comparte sus vivencias con aborígenes australianos.

Ocurre en 1990, pero es mi convicción que transportado en un túnel de tiempo, puedo llegar dos mil años atrás, encontrándome otra anciana que con la vibración de sus cantos asiste y sana a un enfermo. Los indígenas australianos son una de las poblaciones más antiguas de la humanidad.

Para mí es tan claro como visualizarme en una aldea china de la misma época, junto a un daifu (medico antiguo) que pacientemente inserta agujas de acupuntura en la piel de un campesino, al igual que lo hago hoy en mi consultorio para tratar una lumbalgia pertinaz, con resultados exitosos. La sabiduría milenaria prevalece casi intacta con el paso del tiempo.

Haberme formado como médico acupunturista al lado de una profesora china imprimíó una perspectiva totalmente distinta a mi quehacer médico. El mundo invisible de la energía se revelaba en una intrincada red de meridianos y puntos de energía. Pero lo más importante era que adquiría por primera vez, después de mi egreso de las aulas universitarias, una visión integral de la salud y de la enfermedad. En la China imaginada de esa época, la Acupuntura era una disciplina médica avanzada, que seguía las enseñanzas de uno de los libros de Medicina más antiguos, “El Canon de Medicina del Emperador Amarillo”. La gimnasia energética, conocida como Taichi y Qicong actualmente, era ya practicada a partir de los movimientos de imitación de animales, propuestos por el médico y cirujano Huatuo.

Esta concepción acerca de la salud y el estilo de vida derivado, estaban inspirados en los principios de los filósofos taoístas que captaban el mundo como una unidad en la que el bienestar y la armonía personal, traducidos en términos de equilibrio energético del yin y el yang, dependen del respeto y la armonía que guardamos con el entorno. Es probable que ya se practicaran los seis sonidos terapéuticos taoístas, uno para cada circuito energético, pulmón, riñón, hígado, corazón, bazo-páncreas y triple reca-lentador, una técnica de vocalización y auto-cuidado cotidiano para mantener una buena salud, técnica que pronto conocerán.

El autocuidado en la salud, extraño para un modelo médico occidental en el que prima la autoridad del médico y la institución de salud, ha sido uno de los pilares de las medicinas tradicionales como la china, en las que a los individuos les corresponde ser gestores responsables de su propio bienestar, a través de estrategias de vida sana. Acogemos prácticas de autocuidado de tipo energético que incluyan alimentación viva, sueño natural, ejercicios psicofísicos, ejercicios de energetización y por supuesto, hablando del tema que nos ocupa, cantos con vocales, cantos con sonidos semillas o bijas mantras, cantos de armónicos, etc. Son muy recomendables las prácticas de relajación inducidas por algunos selectos sonidos naturales. La meditación, el mejor regalo que la India le ha concedido al mundo, utiliza a menudo sonidos interiores o mantras, que generan estados de paz interior y promueven la salud física y mental.

 

 

De la misma manera en que un bebé inicia sus primeros ejercicios con la voz tarareando, o sea cantando, antes de emitir sus primeras palabras, podemos inferir que antes de la adquisición del lenguaje por los humanos, su aparato vocal ya estaba preparado para cantar. El canto es tan antiguo como la humanidad. Quien canta, encanta, es verdad. Pero no es menos cierto que canturrear es curar.

No obstante, la fascinación por el sonido no es típicamente humana. En un libro asombroso escrito por el músico y ornitólogo inglés David Rotenberg, "Por qué cantan los pájaros" se nos revela la prodigiosa capacidad del Ave Lyra para cantar, llegando a imitar perfectamente veinte cantos de otros pájaros distintos, además de sonidos cercanos de su entorno como sirenas de ambulancia o sonidos provenientes de aserradores en jornada de trabajo.

Nos cuenta que los sinsontes imitan ciento veinte cantos distintos de congéneres. Este investigador, declara en su libro que es sabido que los pájaros cantan para delimitar su territorio así como para desplegar cortejos de apareamiento. Pero lo novedoso es controvertir los conocimientos biológicos aceptados hasta ahora afirmando que cantan por placer, porque les gusta. Algunos emplean años de aprendizaje para perfeccionar sus cantos. Los ruiseñores pueden cantar durante horas, corriendo el riesgo incluso de atraer a sus depredadores. Escuchar cantos de pájaros en su hábitat o en discos de reproducción, es un delicioso y relajante menú en el autocuidado personal.

En nuestro recorrido temático por el sonido terapéutico, cruzaremos por las profundidades marinas, escuchando los cantos de las ballenas que hace varias décadas son investigadas por Roger Payne. Dichos sonidos, interferidos cada vez más por la polución de ruidos marinos, no solo son un curioso medio de comunicación que puede alcanzar muchos kilómetros, sino que parecen tener, como en el caso de los pájaros, una intención lúdica. Estas melodías gozan de estructuras musicales como en el caso de los humanos y son sometidas de año en año a variaciones, lo cual revela procesos de creatividad artística. En la casa o en los consultorios, estos exquisitos bocados musicales extraídos del seno de la naturaleza, nos conectan, como afirma Deepak Chopra, con el origen de la vida y con el universo entero, armonizándonos con nuestra esencia y desencadenando respuestas de relajación sanadoras para nuestro cuerpo.

En mi búsqueda del poder sanador del sonido emprendida hace varios años, una experiencia clínica sacudió profundamente mis incipientes inquietudes. Una joven acudió a mi consulta luego de una semana de romper su relación de pareja. Lucía deprimida, desgarrada y con pocas ganas de seguir viviendo. Cuando se acostó en la camilla le propuse una “técnica” relajante con sonidos que aceptó de buen grado. Comenzó en ese instante una lluvia suave que caía sobre el tejado vecino, oportunidad que quise aprovechar para que visualizara cómo el agua y el sonido limpiaban sus emociones negativas, propiciando un estado de calma. Con diapasones colocados sobre puntos donde su energía se había bloqueado, y luego de algunos minutos, permití que quedara en reposo. Al abrir los ojos, parecía otra paciente. Su cara estaba relajada, su mirada era tranquila y ya podía sonreír. ¿Me quiere contar su experiencia? Le pregunté.

“Caminaba o mejor flotaba en un ambiente campestre. A veces avanzaba sola y otras, alguien que desconozco, marchaba a mi lado. Estaba tranquila. Luego me vi ocho años más joven, con el pelo corto y bonita, no con el aspecto feo que reflejo en estos días. En otra escena me veo como una niña de cinco años tranquila, ingenua y feliz ¿Me quiere interpretar esta experiencia?”.

Yo, llevado por mi intuición, canal de comunicación casi ausente de la mente del medico occidental, respondí: “Usted no es la misma que entró hace un rato a la consulta. Se ha liberado, al menos temporalmente, de emociones perturbadoras. En la primera escena se siente tranquila, no importa que esté sola o acompañada. En la segunda, el corte de pelo sugiere una aceptación de los cambios (otras pacientes se cortan el pelo cuando quieren romper con el pasado de una situación agobiante). La tercera escena, una niña de cinco años, es lo más parecido a una conexión con su ser interno, en el disfrute de su paz interior. Esas tres escenas describen la posibilidad de que usted sane su ruptura afectiva. Los sonidos que escuchó, propiciaron comprensiones nuevas que le facilitan salir del abismo en que estaba”

Muchísimos casos tratados me demuestran que al menos luego de una sola intervención con técnicas de sonido, el paciente baja de la camilla relajado y revitalizado. Su energía se ha armonizado.

 

 

 

¡Hasta pronto!

 

 

Joomla templates by a4joomla